Cien años de lucha: Partido Comunista del Ecuador
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EDITORIAL
Al conmemorar cien años de fundación, el Partido Comunista del Ecuador recupera su experiencia histórica acumulada, forjada al calor de las primeras huelgas generales. El primer baño de sangre de la clase obrera ecuatoriana, perpetrado el 15 de noviembre de 1922, desató una brutal represión contra las primeras organizaciones de trabajadores y trabajadoras.
Esta dura lección histórica aceleró la maduración política de las masas, dando como resultado una clase obrera organizada que, cuatro años después, en mayo de 1926, fundó nuestro partido bajo la denominación del antiguo Partido Socialista Ecuatoriano, organización que en 1931 se denominaría definitivamente como Partido Comunista del Ecuador.
Con esta herencia, nuestra trinchera natural e irrenunciable sigue estando en el seno de la clase trabajadora. En esta tarea, la herencia teórica y práctica de Pedro Saad Niayim resulta insustituible. Saad rechazaba la concepción del cuadro comunista como un burócrata de escritorio, exigiéndole ser un organizador de vanguardia que fundiera la teoría marxista-leninista con la cotidianidad de las fábricas, los talleres y los campos de la patria.
Su papel aglutinador en la fundación y consolidación de la Confederación de Trabajadores del Ecuador (CTE) enseña que el partido y el sindicato forman una unidad dialéctica: el sindicato organiza la resistencia inmediata por la supervivencia, mientras el partido dota a esa lucha de un horizonte histórico y una conciencia de clase capaz de disputar el poder político.
Reconocemos con rigor autocrítico que, durante las últimas décadas, debido a diversas coyunturas políticas y desviaciones orgánicas, la presencia comunista sufrió un repliegue en el movimiento obrero. Sin embargo, en los últimos años revertimos esta tendencia. Siguiendo las definiciones del XVI Congreso del Partido Comunista del Ecuador, recuperamos de forma paulatina nuestra inserción en las bases. Aunque este avance es todavía modesto, las expectativas militantes apuntan a consolidar una dirección política poderosa en los años venideros.
Hoy, la tarea primordial exige fortalecer y ampliar de forma sistemática el trabajo orgánico en el movimiento sindical y entre el sector de los jubilados, quienes sufren con especial crudeza el desmantelamiento de los servicios públicos y el sistemático asalto a los fondos del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS). Lejos de ser fuerzas pasivas o replegadas, los jubilados constituyen un acumulado de experiencia y combatividad que debe articularse orgánicamente con la juventud trabajadora para defender la seguridad social como una conquista histórica, opuesta a la lógica de la mercancía para la especulación financiera.
Frente a la ofensiva patronal, es urgente combatir la despolitización y el economicismo que han neutralizado a los sindicatos, convirtiéndolas en meras oficinas de trámite laboral o en espacios de cooptación para el reformismo de turno y a la derecha en el poder. Los sindicatos deben volver a ser auténticas expresiones de movilización política de masas, escuelas de educación popular y trincheras de combate ideológico.
El sindicalismo de clase debe comprender que la lucha económica es estéril si se desvincula de la lucha política contra las estructuras del capitalismo dependiente, el cual sobrevive mediante la extracción violenta de plusvalía y la destrucción de la fuerza de trabajo local para alimentar los circuitos financieros imperiales.
Por tanto, la movilización de la clase trabajadora organizada y los jubilados debe dirigirse frontalmente contra los gobiernos criminales que administran la crisis del capital en favor de la oligarquía y el Fondo Monetario Internacional. Regímenes como el de Daniel Noboa, continuador de la línea neoliberal de Lasso y Moreno, utilizan el aparato represivo del Estado, la militarización del territorio y el pretexto de la seguridad para consolidar una dictadura civil que destruye la legislación laboral, precariza la vida y entrega la soberanía nacional al imperialismo norteamericano.
Frente a un Estado que criminaliza la protesta y legaliza la explotación, el Partido Comunista del Ecuador sostiene su consigna de combate: la única salida a la barbarie actual pasa por la huelga, la calle, la organización comunitaria y la unidad del bloque popular para demoler la institucionalidad dependiente y construir, desde las bases andinas, costeras y amazónicas, un proceso de liberacion social y nacional.

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